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¿Has visto a Laura?

Foto del escritor: Pablo Muñoz
Pablo Muñoz
23 mar 2022
5 min de lectura

Una historia de suspenso


Los lunes en la mañana suelen ser muy monótonos en la oficina, es una rutina que hasta me parece entretenida para empezar la semana. Disfruto ver los rostros cansados reanimarse de a poco a base de descargas de cafeína. Lo de siempre, team briefing a las 8:45, establecer las metas de la semana para las 9 y montañas de trabajo después del café de las 10 am. La mayoría de mis compañeros llegan sin ánimo de hablar en la mañana, para eso del mediodía, los chismes no dejan de fluir. El de hoy ya está en boca de todos -¿Has visto a Laura?- Es la pregunta que no para de sonar en la oficina.


Laura, la secretaria del jefe, siempre es la primera en llegar, es ella quien abre el despacho y prepara la primera carga de la cafetera. Algunos de los que eran más cercanos a ella dijeron que su ausencia, probablemente, se deba a que ayer fue cumpleaños de Renata, su compañera de piso.


–Seguro se le pegaron las sábanas- decían otros.


Yo la verdad prefiero abstenerme a opinar, no somos muy cercanos aunque el viernes, antes de salir, me pidió si la podía esperar a que tomara el autobús. Me dijo que desde hace unos días notaba cosas extrañas en su vida.


– El miércoles pasado, cuando compraba mi despensa en el supermercado, pude notar a alguien que me seguía, no me atreví a voltear pero estoy seguro que alguien con una chaqueta roja me perseguía. Lo pude ver con el rabillo del ojo siguiéndome hasta mi casa.- me dijo Laura. – Y eso no es lo único que me ha pasado, abogado.-


Yo siempre he sido bueno para escuchar a las personas, pero ese día no sé muy bien que pasó con mis habilidades de oyente. Realmente no recuerdo si Laura tomó su camión, ni siquiera me acuerdo de haber llegado a casa, lo último que viene a mi mente de ese día fue haberme despertado de una pesadilla sádica. Los detalles de ese sueño no me son muy claros y me molesta no acordarme porque suelo ser bueno para recordar los sueños, y más los que me parecen reales, me pone mal algo así.


Ahora que me pongo a pensar, tengo vagos recuerdos de algunos relatos que ella me contó mientras nos preparábamos para salir, de esas cosas raras que le pasaron en esos últimos días. Laura era muy seria y nunca fue de esas personas de las que se inventan historias alocadas para llamar la atención. Me viene a la mente una historia en particular, algo que le pasó hace 1 semana, exactamente.


–Los lunes Renata llega tarde. Por lo general aprovecha el 2x1 en el cine de plaza Fiesta Anáhuac y después va a cenar a casa de su novio- comenzó con su relato mientras apagaba su computadora. Yo, muy fiel a mi estilo permanecí callado y solo pude asentir, para mostrarle que aún tenía toda mi atención.–Después del trabajo, suelo ir al gimnasio, me queda a solo dos cuadras del departamento.- Continuó diciendo mientras cerraba con llave la oficina del jefe. Ese lunes Laura me comentó que terminó realmente exhausta, más de lo normal. –Luis, me quedé dormida con la puerta de mi cuarto abierta, estaba tan cansada que ni me bañé, me dormí con la ropa sudada del gimnasio, yo nunca hago eso- siguió contándome la secretaria.


Para este punto yo solo quería saber que había pasado esa noche, es por eso que le respondí con un simple “ajá”.


–Algo pasó en la noche que me despertó, un ruido o algo, licenciado- dijo Laura mientras se le humedecían los ojos. –Vi una silueta parada en mi puerta, como observándome desde la oscuridad.- siguió diciéndome.


– ¿Renata?- la interrumpí preguntando.


–Eso mismo pensé yo, y junté todas mis fuerzas para decir; “oye Ren, prende la lámpara del pasillo y cierra mi puerta porfis”. Mientras me acomodaba en la cama para seguir durmiendo- dijo con una voz que se cortaba con cada palabra que decía. –Como no me contestó, levanté la cabeza de la almohada para repetirle mi petición, pero ¿qué cree licenciado?- Me preguntó.


-¿Era el novio de la famosa Renata?-Le contesté con otra pregunta.


– ¡No! Don Luis, no había nadie cuando volví a ver mí puerta. En ese momento se me congeló la sangre, Lic., pero me armé de valor, cerré la puerta con seguro y me forcé a dormiré, en la mañana seguro la Renata me resolvería mis dudas.-


-Y en la mañana, ¿se resolvió todo?- Volví a interrumpir para darle un descanso a la pobre Laura, pero también con la intención de conocer todos los detalles de lo ocurrido.


-No, licenciado, en la mañana me di cuenta que Renata no había llegado a dormir, lo corroboré con una llamada. Durmió en casa de su novio, bueno ahora su prometido, me dijo que le ganó la emoción de la propuesta y prefirió quedarse a dormir con él para festejar. Don Luis, creo que alguien se metió al departamento, tengo miedo que alguien me quiera hacer daño. De hecho el otro día…- Continuó contándome otra anécdota mientras apagábamos las luces de la oficina, y yo cerraba con llave la puerta principal de la notaría #17 de Monterrey. Más no puedo recordar de lo que Laura me dijo aquel viernes, fue ahí la última vez que la vi.


“Ojalá le hubiera prestado atención” pensaba, seguro podría ser de más ayuda para resolver el caso de la desaparición. El problema es que eso pasa cuando me desconecto, pasan horas y ni cuenta me doy, es como activar el piloto automático de un avión, mi cuerpo se desprende de la mente y se deja llevar.


Ahora que lo pienso, el sábado en la mañana encontré lodo en la sala de mi casa, usualmente eso pasa los domingos que llego de pescar en La Presa de la Boca, pero supongo que eso es lo que pasa cuando dejo que Carlo tome el control de las situaciones, cosas pasan. Como eso de inscribirnos a un gimnasio tan lejano a mi casa, o la vez que fuimos el lunes a ver una película que ya habíamos visto, o cuando me hizo deshacerme de mi chaqueta roja favorita, o aquella noche que secuestramos a Laura.


Por fin logro recordar mi sueño. Me iba a volver loco de no acordarme de algo que me pareció tan real, tan vívido. Recuerdo salir de la notaría y decirle a Laura.


–Oye, ya es algo tarde, ¿no prefieres que te lleve a tu casa? –


Después se me vino a la mente Laurita gritando, pidiendo ayuda mientras la sacábamos de la cajuela de mi Nissan Sentra. Lo bueno es que hoy me tomé mis medicinas, hoy Carlo está descansando.


-PM

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