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Querida Federación Mexicana de Fútbol

Foto del escritor: Pablo Muñoz
Pablo Muñoz
13 dic 2022
9 min de lectura

A trece días de aquel silbatazo que puso punto final a la participación de la selección mexicana en, el que probablemente sea, el evento deportivo más importante del planeta, y a unas horas del inicio de las semifinales del mismo y con la sangre menos caliente, me pareció necesario ordenar los pensamientos y las conclusiones que llevan casi dos semanas dando vueltas por mi cabeza. Que nos quede bien claro. Lo que pasó en Catar fue un fracaso. Un fracasote, que nadie trate de confundirnos diciendo que fue una decepción. Porque son conceptos distintos. Las decepciones duelen porque muere la ilusión. Un fracaso duele por la impotencia y la rabia que da pensar; lo que pudo haber sido. Y con el tri, ocurrió lo segundo.


Hay mucha tela de dónde cortar y la realidad es que esto no es responsabilidad de uno solo. Aquí todos somos culpables. Desde los directivos millonarios hasta el que tristemente sufre más, el aficionado. Aquel que durante cuatro años se ve obligado a consumir y dar la cara por un fútbol en retroceso. El tiempo es el mejor para poner a la gente en su lugar. Y este no se ha hecho esperar para hacer quedar en ridículo a quienes salieron a defender la realidad del fútbol mexicano, aprovechándose de la polémica y la comparación barata. Argumentaban que si selecciones como Alemania y Bélgica; con jugadores en las ligas y clubes de élite, con ligas competitivas, también fallaron en alcanzar la siguiente ronda, entonces el problema con México no es el sistema actual en el fútbol profesional del país. Yo, a diferencia de ellos, pienso que es este la raíz de nuestros males.


Tenemos un gran problema en nuestras manos, que durante mucho tiempo pudo ignorarse porque las llamadas de atención no fueron tan contundentes como el balde de agua fría que nos llevamos todos el 30 de noviembre en el Estadio Lusail. Yo considero que el principal contratiempo del fútbol nacional nace del pobre desarrollo del futbolista mexicano. Acá, un club puede registrar hasta 10 jugadores “No Formados en México” para jugar en el primer equipo o los equipo filiales; como las filiales sub 17 o sub 20. Si dejamos de lado las comparativas sin sentido y somos críticos. Sabemos que Alemania, Bélgica y México no tienen punto de comparación en casi ningún aspecto y mucho menos en fútbol. Ellos aspiran a ganar la Copa del Mundo con un proceso que les pueda dar siete partidos buenos en un mundial. Nosotros anhelamos jugar un quinto partido.


Algo más a la altura de la comparación sería Japón. Un equipo que; cuando participa en un mundial, siempre apunta a clasificar a octavos, que no es la selección favorita pero que un buen día podrían salir inspirados y ganarle a quien sea. Japón, al igual que México, se encargó de eliminar a Alemania por segundo mundial consecutivo, y terminó ganando su grupo por encima de la selección española. Y ¿cómo hace Japón para tener un equipo tan competitivo? Uno debe cuestionárselo por la realidad japonesa. Es un país tan pequeño en el que el fútbol no está ni cerca el deporte principal. Allá les fascina el sumo, es más, podría especular que el baseball sea más seguido e importante para la población japonesa. Bueno, la respuesta es sencilla. La liga local quiere que los jugadores japoneses progresen, hasta algún día ser considerados de la élite. La J1 League, la liga japonesa de fútbol, limita a cinco el número de extranjeros que un club puede inscribir como parte de la plantilla, sin embargo, durante los partidos solo es posible alinear máximo a cuatro, de los cuales tres podrían ser jugadores del resto del mundo y el cuarto puede ser un jugador de algún otro país asiático, no solo desarrollando el talento nacional, sino que buscan generar una confederación asiática más competitiva.


Por otra parte, los jugadores japoneses pueden ser catalogados por su tipo de contrato. Existe el contrato “tipo 2” para jugadores menores de 23 y el “tipo 3” para futbolistas juveniles. Los futbolistas que no cuentan con un contrato profesional pueden rotar entre el primer equipo y las filiales, además de tener un límite salarial. Es importante agregar que en las filiales, solo pueden jugar jugadores menores a 23 años, otra gran diferencia con nuestro fútbol. Entonces, ¿tener jugadores jóvenes como figuras en la liga local es entonces el camino para un mundial exitoso? No completamente. La realidad es que eso te pone un paso más cerca. Lo siguiente es trabajo de dos partes, que a veces no se ponen de acuerdo, los clubes y el jugador.


No puede ser posible que México, un país con una cultura futbolística tan arraigada y con una población de más de 130 millones, presente “jóvenes promesas” en un mundial que son todo menos jóvenes para el mundo del deporte. Este mundial le tocó a Luis Chávez tener el reflector, un jugador que está por cumplir 27 años en enero. Y la idea no es atacar al jugador, nunca lo ha sido. Pero, ¿nadie nunca le vio el potencial a Chávez a los 18 años? ¿Qué factores hicieron que la carrera de Luis lo llevaran a debutar en un mundial a tan avanzada edad para un futbolista? En Rusia, la joya fue un “Chucky” Lozano de 22 años de edad y en Brasil la “revelación” fue Héctor Herrera, quien en su momento tenía 24 años. La lista es larga y sería capaz de seguir nombrando cada escenario similar en cada participación mundialista de nuestra selección, y la única conclusión que seríamos capaces de obtener sería caer en cuenta que nuestro fútbol no ayuda a alcanzar el sueño de brillar a temprana edad y migrar al fútbol de más nivel en el planeta, el fútbol europeo. ¿Podría la Liga MX ser vista como una fábrica de talento?


La realidad es que el fútbol de México, no ha podido ser el trampolín que los talentos nacionales necesitan para llegar a equipos de alta envergadura. Es más, suele ser un imán para jugadores nacionales e internacionales que radican en el extranjero. Un equipo que juega unos cuartos de final o una semifinal de un mundial debe tener jugadores con jerarquía, sí, pero sobre todo debe tener recorrido. Otra vez, dos conceptos diferentes. La experiencia que tiene un futbolista jugando en el viejo continente le da varias vuelta al camino que recorre un jugador en ligas de menor categoría como la mexicana. Para muestra de ello, Marruecos.


Un equipo joven, que tuvo varios debuts mundialistas pero que traen consigo algo de mucho valor. La gran mayoría del cuadro marroquí milita y juega en clubes europeos. De hecho, del once inicial que eliminó a España y Portugal, todos tienen un larguísimo recorrido no solo en ligas europeas, también en competiciones de clubes de alto calibre.

¿Será que las comodidades que ofrece la Liga MX son mayores a las ganas de trascender del futbolista? La liga MX y en general el fútbol mexicano, son así. Laxos. Es un fútbol; en el que dos tercios de los equipos tienen una oportunidad de ser campeón de liga, en el que no se recompensa al más constante o al que mejor hace las cosas durante el mayor tiempo posible, no. Es un fútbol en el que terminar “enrachado” podría ser la diferencia entre ser campeón o no.


Y si a todo esto le añadimos el hecho que ya no hay participación mexicana en los torneos más importantes del continente a nivel de clubes; la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Torneos en los que, la historia puede respaldarme, los clubes nacionales han logrado participaciones notables. Como aquel Pachuca del “Ojitos” Meza que ganó la Sudamericana ante un gran “Colo Colo” en Chile con figuras de talla mundial como Alexis Sánchez, Arturo Vidal y EL Chupete Suazo. O los casos de Tigres y Chivas alcanzando la final de la copa libertadores. Bueno, a pesar de estas y otras grandes actuaciones de cuadros mexicanos en competiciones importantes, la federación considera que el desarrollo del jugador no está relacionado al fogueo que este obtiene de las mejores competencias. Es tanta su fe en que este no es el camino del progreso que prefieren apostar por el crecimiento de los torneos a nivel de Concacaf. Piensan que abarrotando los estadios de mayor capacidad en Estados Unidos, tendrán mejores rendimientos que el valor que hay en el progreso generacional.


Si uno compara a los tres anfitriones de la próxima Copa del Mundo 2026, sería sencillo deducir que Estados Unidos y Canadá apuntan a tener mejores participaciones, simplemente por la juventud de sus equipos actualmente pero también por el bagaje con el que llegarán al siguiente mundial. En los últimos nuestros vecinos al norte, se han dedicado a exportar jóvenes con potencial a clubes europeos para que sirvan como academias de sus selecciones a distancia. Y acá ¿por qué son contados los jugadores mexicanos en Europa? ¿Por qué no dan el ancho cuando se les presentan las oportunidades?


Ecuador nos puede dar cátedra de lo bueno que puede ser para el desarrollo profesional de sus jugadores tener recorrido enfrentando la más alta competencia. Un país en el que la mitad de los convocados juega competiciones de clubes sudamericanos, y adicionalmente, el competir en las eliminatorias mundialistas sudamericanas y la copa América los ha hecho llegar a ser el tercer mejor cuadro sudamericano del momento, por encima de Uruguay.


Esto solo nos recuerda otro fallo de la federación y un gran retroceso para nuestro fútbol.

Dejar de participar en la copa América para priorizar la copa Oro. Una copa que se podría ganar con un grupo de jugadores exclusivamente de la liga mexicana. Para los dirigentes de la federación, es de mayor relevancia jugar una final contra Canadá, Jamaica o Estados Unidos; por los beneficios a la federación, que competir en una copa América contra selecciones como Argentina, Brasil y Uruguay. Dicen que la basura de unos es el tesoro de otros. Y en nuestro caso ambos vecinos, vuelven a mostrarnos que, hace rato que tienen mejores proyectos futbolísticos que México. Por eso no sorprenden noticias como la de hace unos días, en la que medios afirmaban que tanto la selección canadiense como la americana estarían cerca de concretar su participación en la Copa América 2024 como parte de sus preparativos para el próximo mundial, tomando en cuenta que la falta de un proceso clasificatorio es perjudicial para cualquier selección anfitriona de un mundial. Es por eso que tener participación en las más altas competencias de clubes y selecciones es una obligación.


Por último, creo que en México, siempre se ha buscado en el entrenador a un salvador. A ese director técnico que llegue al mando del tri con una barita mágica para mejorar las cosas. Pero no es así, tristemente nuca será así de fácil. Un mundial no lo gana un técnico de alta categoría o con una nómina altísima, he ahí el caso de Sven-Göran Eriksson. Un entrenador que logró cierta relevancia en el fútbol internacional dirigiendo a Inglaterra, y quien al llegar a un país con limitantes en talento y calidad como lo es México, los resultados no respaldaron su “proceso”. No busco ser otro verdugo de Gerardo Martino, ya tiene suficientes. El tipo si algo hizo bien fue tener congruencia. Se murió con la suya y sus hombres de confianza, por tan desesperante y cansado que esto fuera, pero desde el inicio fue así y se sabía. No tenía intenciones de preocuparse por una generación de futbolistas que no iba a dirigir.


Es momento de que por primera vez exista la autocrítica en el fútbol mexicano. Los presidentes de los clubes y los altos mandos de la federación deben ser capaces de reconocer; que nos fallaron, que pese a todas las alertas que daba este proceso nadie tuvo el valor de poner un alto antes de que fuera muy tarde, que en su avaricia de explotar nuestro fútbol han conseguido algo que yo nunca había vivido, lograron desilusionar a un país que vive de eso, de fe y esperanza. Esa selección improvisada del Piojo que clasificó jugando un repechaje contra Nueva Zelanda terminó generando mayor expectativa que esta selección que clasificó al mundial “caminando”.


La selección de Gerardo Martino fue un fracaso. No por el hecho de quedar eliminados. Eso era inevitable. Lo que molesta es la apatía con la que se enfrentaron los partidos en Catar, dando lástima, con jugadores arrastrándose por la cancha, sin garra, y sin gol. Hubo un par de chispazos que pretendían avivar la ilusión del pueblo mexicano, sin embargo, no fue suficiente para ofrecer un espectáculo que por lo menos, sumara feligreses. Porque de eso vivimos acá, no de campeonatos, de ilusiones. La selección que fue a Catar no logró despertar esa curiosidad por el fútbol que el mundial le regala a los menos interesados. Esta selección por fin refleja la realidad mexicana; la de solo unos cuantos beneficiados a expensas de todos los demás.


Es momento que haya responsables y consecuencias. El fútbol mexicano no necesita seguir siendo cabeza de ratón, tiene que salir a ser la cola del león, hasta que evolucionemos en ese fútbol con garra, empuje y potencial que sabemos que podemos tener. Es hora que exista un proceso pensando en el futuro y el desarrollo de los futbolistas, que muestre resultados y tenga indicadores que califiquen su progreso. Pero sobre todo, es momento que se piense en esos más de 130 millones de personas que por todo el mundo se ponen una camiseta verde y durante 90 minutos se dejan llevar por el hecho de que una pelota les endulza la realidad. Dónde 11 pelados corriendo en una cacha te hacen sentir que este no poder cubrir todos los gastos del mes no es tan malo si la selección hace su típica hazaña mundialista, porque habrá valido la pena rifársela todos los días por cuatro años. Un país donde; el sí se puede, un rezo y una cruz son munición para el que ha dejado de creer. Porque es cierto, no creemos que seremos campeones del mundo, hace rato que ustedes nos despertaron de ese sueño, lo único que queremos es competir, ilusionarnos e irnos a nuestras casas con la extraña sensación que da el decir la frase más mexicana posible: “jugamos como nunca y perdimos como siempre”.


Es momento que alguien de la Federación Mexicana de Fútbol de la cara, pida perdón en nombre del fútbol mexicano y diga -“Fracasamos México, Fracasamos”-.


-PM

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