Jueves 9pm

Un vaso preparado descansa sobre la barra solitaria en el bar del primer piso.
Hace rato que la banda se tomó cinco minutos.
Pocos en el bar confían que liberen al trompetista.
Hoy el Jazz Club se convirtió en un circo amateur.
Las canciones son demasiado frías, el vino está desafinado y las risas se tomaron un sabático en el hospital de enfrente.
No le dan las piernas al piano para seguir el ritmo de la batería y, en el baño, el bajista sufre una sobredosis de emociones.
Una trompeta ensalivada anuncia en el periódico el secuestro del dueño de su sonido.
En la esquina un clarinete advierte la sombra del desaparecido.
El sillón al fondo de la sala de fumadores ya no guarda el lugar de una pareja que ahora se descubre en el asiento trasero de un Fiat 500 rojo.
El hielo, le da al Whisky los papeles del divorcio, y ahora se encuentra cazando un nuevo pasatiempo.
A lo lejos, suena en una cabina el teléfono del bar.
Es el trompetista. Llama desde una iglesia.
Se dice arrepentido por haberle pedido un tiempo a la banda. De fondo se escucha "El sueño de una noche de verano" de Mendelssohn.
La llamada termina tras un acepto. Un estallido inunda el lugar.
La banda, ahora de cuatro, vuelve a sonar.
El Jazz Club de la calle 17 se convirtió en la escena de un crimen.
Y en un ataúd, yace una trompeta.
-La causa de muerte- dice un forense -todavía se desconoce.-
-PM



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